A las estatuas de marfil,
y a las de la Libertad
les va bien el toque gris
de niebla entre rascacielos
que no rascan,
pero besan el cielo
y el humor del Hudson
cambiante, danzante
¡Que me arrastre!
¡Que me lleve lejos de aquí!
Porque aquí no bailo,
aquí ya no canto,
aquí lloro y escribo
por los que cayeron. Tanto
el once, como el doce,
el trece y el catorce
(de septiembre)
Pero el veinticinco
que guarden un clavel
una paloma y un banderín
para celebrarme
porque era de esperarse
que como siempre
(estúpido) me enamorase
de la ciudad que me engañó
con maravillas accidentales.
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